Contrabando a la cubana

Contrabando a la cubana

Cuando era un niño simpatizaba con dos tipos de delincuentes, los que se desbalijaban bancos sin violencia y los contrabandistas. Los veía como una especie de Robin Hood que robaban a los más ricos y poderosos, es decir a los banqueros y a los estados.

Sin embargo, fui creciendo y, aunque mantuve siempre ciertas simpatías, aprendí que quienes roban bancos no son financistas dedicados a la redistribución de las riquezas, ni los contrabandistas son empresarios al servicio del pequeño comercio informal.

Los recuerdos infantiles llegaron a mi mente producto del debate que hay en Cuba sobre la prohibición de la venta de mercancía de contrabando, es decir de productos que entraron al país con fines comerciales pero eludiendo los tramites de importación.

Sin embargo, la isla está repleta de ropa, zapatos, muebles y electrodomésticos traídos de esa forma. Es algo que existe en el resto mundo pero aquí nadie se esconde, lo venden en el portal de la casa o lo ofrecen en las páginas web de compraventa.

Los productos llegan por diferentes vías, desde el cubano residente o emigrado que aprovecha un viaje puntual para ganarse unos dólares hasta los tripulantes de Cubana de Aviación, que siempre regresan al país con maletas repletas de mercancías para vender.

Pero la mayor cantidad viene en los bultos de las "mulas", personas que viven de traer paquetes a Cuba, y también mediante el contrabando de pacas, actividad para la que se necesita la ayuda de algunos miembros de la Aduana General de la República.

Conozco a quienes traen bimensualmente un contenedor de 20 pies cúbicos repleto de mercancías, donde vienen muebles, cocinas, refrigeradores, televisores, motos, lavadores, aires acondicionados o equipamiento para montar negocios por cuenta propia.

He estado presente cuando lo entran al país y por ende conozco los mecanismos que utilizan para pasar las mercancías, resquicios legales útiles para esconder el delito entre los papeles de registro pero que no deberían poder engañar a los inspectores presentes.

No parece un problema legal aunque las leyes cubanas sean más tolerantes que las que existen en la frontera de clic México con EE.UU., por ejemplo.

El asunto es que algunos funcionarios venales se han aprovechado de eso para montar su negocio por cuenta propia.

En el caso de Cuba, el contrabando y la corrupción no es solo un problema económico, tiene también un componente de seguridad nacional, por el aeropuerto entraron los explosivos que detonaron en hoteles turísticos a finales de los años 90.

El combate al contrabando

El gobierno viene anunciando desde hace tiempo que las licencias que entregó no son para tiendas de venta de productos de contrabando sino para producir ropa en Cuba. Lo que nunca explicó es donde están los almacenes para comprar los insumos.

Promover una industria textil entre los trabajadores por cuenta propia y las cooperativas parece una buena idea pero, para que se hagan realidad, las ideas requieren recursos, la agricultura arados, el transporte combustible y las modistas telas, elásticos, adornos, hilo y botones.

El Estado debería beneficiar al sector que quiere promover con la importación de insumos a precios mayoristas, reducción de aranceles y beneficios impositivos para permitirles ser competitivos frente a lo que llega desde el exterior a precios irrisorios.

El contrabando de ropa y zapatos ha crecido además porque en las tiendas del gobierno lo que se vende es feo, malo o caro, y a veces las tres cosas juntas. Se compra sin hacer estudios de mercado, adquiriendo baratijas a cambio de comisiones y aplicándoles voraces impuestos.

El Estado cubano, igual que cualquier otro Estado, tiene derecho a gravar los productos que se importan con fines comerciales pero también tiene la obligación de responsabilizarse de la efectividad de las instituciones encargadas de impedir el contrabando.

El cierre de las tiendas particulares sin taponear las grietas en las fronteras y sin potenciar una industria propia solo servirá para hacer clandestino el negocio. Ayer mismo vi en la panadería francesa como una señora con un gran bolso intentaba vender ropa a los dependientes.

Difícilmente las cosas se arreglarán persiguiendo a los revendedores, molestando incluso más a los viajeros en el aeropuerto o reduciendo lo que un médico puede traer después de una misión porque no son ellos los que entran el grueso del contrabando a Cuba.

Un economista cubano me decía que una estrategia de combate al contrabando para ser efectiva debería incluir la venta de ropa a precios acordes al ingreso, aunque sea reciclada, la promoción real de una industria propia y el saneamiento constante de las aduanas.

radioroja

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